15 de diciembre de 2021

Contra la España vacía

Comencé a leer a Sergio del Molino, porque, como ex-alumno del Instituto vino a dar una charla de su entonces nuevo libro La España vacía. Me gusta mucho el estilo que utiliza, naciendo de lo personal y elevándolo hacia lo teórico y general. Es posible que sea porque todo lo escrito sólo pueda nacer de ahí y que todo lo que somos y pensamos tiene su razón de ser en lo que hemos vivido (y cómo y con quién lo hemos hecho). Por ello, la cita seleccionada tiene que ver con algo en lo que tengo previsto indagar, la razón autobiográfica, 

«que es la razón con la que se escriben las cosas importantes» (p. 168)

No sé qué habrá allá afuera acerca de esta razón... 

12 de diciembre de 2021

Las leyes de la frontera

 Más de 6 años hace de la última entrada en este blog, un tiempo en el que he leído (bastante) y, en contraste, he subrayado poco. Ver la película "las leyes de la frontera" me ha hecho releer el libro, para encontrar los puntos de unión y los desajustes entre uno y otra. Encontrar subrayados me ha hecho pensar en retomar esta idea abandonada a su suerte, pero que merece una nueva oportunidad.

Los subrayados son de 2013, pero no pierden su vigencia, sólo cambian su significado porque...

«...un libro es como un espejo (...) no es uno el que lee los libros sino los libros los que lo leen a uno» (p. 381)

A la vista de esta cita de la penúltima página, esta otra adquiere un nuevo sentido

«- Creí que le importaba mucho la verdad.
-Y me importa, pero una virtud llevada al extremo es un vicio. Si uno no entiende que hay cosas más importantes que la verdad no entiende lo importante que es la verdad.
» (p. 343)

Si ahora tuviera que volver a hacer el TFG, buscaría un hueco para esta cita, avanzando hacia aquello que puede ser más importante que la verdad. 

6 de mayo de 2015

No estamos solos / No estamos locos

Extender los libros guardados en cajas en una biblioteca hace que, por un lado, percibas tus orientaciones lectoras generales y, por otro, lo que ha mandado en la actualidad de estos últimos años. De esto son ejemplo estos dos libros de El gran Wyoming. Si bien el primero, cronológicamente, es No estamos locos, su contenido es más parecido a su programa de la Sexta. Además no contiene ni siquiera un subrayado (es posible que por no tener un lápiz a mano durante su lectura o por la pereza de ir a buscar uno). De todos modos el segundo (No estamos solos) no tiene  ningún subrayado hasta las páginas 324 y 326, cuando se comienza a hablar de educación y que reproduzco aquí, en orden.

«Con la mejor voluntad, los profesores estamos planteando las asignaturas desde nuestra formación, desde nuestro interés como profesores, sin considerar la perspectiva de los chavales que tenemos delante, que son muy distintos, muy diversos, que no son los que seleccionábamos antes para estudiar, sino representantes de toda la población.»

«...repetir muchas veces no mejora, y no solamente no mejora sino que modifica la actitud, emocionalmente pone al alumno contra el estudio.»

Estas dos citas son, como mínimo, aspectos para reflexionar antes de cualquier sesión de evaluación y antes de cualquier decisión sobre las programaciones, sobre todo, en la ESO. Supongo que las inercias siguen siendo más poderosas. 

23 de abril de 2015

Fahrenheit 451

Un día de huelga (de alumnos) de 2011 acudieron sólo dos de Bachillerato. Con poco que hacer, una de ellas se puso a leer este libro (que era el libro que había seleccionado el grupo de lectura del Instituto). Me resonaba el título del libro más por la película de Michael Moore (Fahrenheit 9/11)que por el tema del libro en sí (hasta ahí llegaba mi desconocimiento de un libro tan famoso).
La historia (bien conocida) es una antiutopía futurista como Génesis, la anterior entrada, con la que la única relación es la cercanía (alfabética) de los autores. En todo caso la sorpresa salta ya en la primera página con este pareado de Juan Ramón Jiménez

«Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado.» 

Todo un canto a la libertad en estos días en los que veo hacer caligrafía. Supongo que de algún modo se debe configurar un "tipo de letra" que sea lo suficientemente estándar como para ser leído, por suerte, la personalidad es más fuerte que la caligrafía y, al final, cada uno escribiremos a nuestra manera, escapando de la pauta.

Otro fragmento, ya casi en el final (p.167)
«No importa lo que hagas, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.»
y, traducido esto a la educación/enseñanza, ¿cómo quedaría?

21 de abril de 2015

Génesis

Colocar por orden alfabético de autor los libros que han pasado en cajas una buena temporada es la excusa perfecta para retomar el blog. Más de tres años sin entradas, pero no sin lecturas.
Afortunadamente guardo la costumbre (copiada de Juanjo) de subrayar aquello que me ha llamado la atención durante la lectura, lo que va a permitir que se incorporen, de forma secuencial, los libros que han ido pasando por mis manos en este tiempo en el que no siempre he podido disfrutar del espacio (físico y mental) para leer.
A este Génesis llego por la portada, mejor dicho, por la editorial. Las portadas de Salamandra, en mi opinión, destacan. A pesar de ello, me cuesta comprar libros de esta colección porque casi siempre intuyo que el tema no va conmigo. En este caso el título y lo poco que se cuenta en la contraportada me convencieron y me alegro.
Desde lo lejos que me queda el momento en que leí el libro sólo esta cita

«Es posible saber sin entender. El conocimiento empieza como una sensación. La comprensión es el proceso de excavación, de despejar un camino desde la sensación hasta la luz del día» (p. 127)
Y que guarda mucha relación con (uno) de los libros que tengo ahora empezado El número Omega, donde el autor describe su camino intuitivo hacia el conocimiento. Llegará.

4 de febrero de 2012

El enigma y el espejo

Otro de los libros comprados en el Mercat de Sant Antoni. La causa fue el autor (autor del famoso El mundo de Sofía) y el texto de la contraportada. La consecuencia ha sido un libro que me ha parecido francamente aburrido, con demasiado Dios para un libro de "divulgación filosófica" y una excusa para no leer (de momento) El mundo de Sofía (igual que ver Avatar era una excusa para no ver Titanic (esto espero que permanentemente).
Como ejemplo de los excesos "cristianizantes" el siguiente fragmento:
«¿No pensarás que Dios creó un universo tan grande sin ningún motivo, verdad?» (p. 119)
Más acertada me parece esta reflexión de la página 130 y que, además, tiene mucho que ver con lo que sucediera ayer y cabe interpretarlo como una bienvenida para Mireia
«- Cuando llegamos al mundo recibimos un mundo entero de regalo.

(...)

- Pero no somos solamente nosotros los que llegamos al mundo, también se puede decir que el mundo llega a nosotros.
- Es casi lo mismo, ¿no?
No.

4 de noviembre de 2011

Charlie y la fábrica de chocolate

Deuda nº 1 (libros ya leídos pero sin su correspondiente entrada en el blog)

Vivir en una ciudad tiene algunos inconvenientes como el hecho de que no aparcas (casi nunca) en la puerta de casa. Es más a veces tienes que dar algunas vueltas y son esos los momentos en los que "aprovechas" para escuchar la radio. En una de éstas estaban hablando de libros que son mejores que la película hecha a partir del libro y viceversa, de películas que mejoran el libro. En ese programa nombraron este libro/película y no recuerdo si para alabar a uno o a otra, el caso es que unos días después el libro se cruzó en mi camino en el Mercado de Sant Antoni de Barcelona al irresistible precio de un euro y la tentación fue demasiado fuerte y el precio demasiado débil y el libro acabó en la estantería.
En el programa hablaban de que Dahl, al contrario que otros autores de libros juveniles, trata de no escribir un libro para jóvenes cargado de moralina, sino que escribe su libro, que termina saliéndole para jóvenes. No estoy de acuerdo, al menos con éste alegato a favor del buen comportamiento asociado a la pobreza (económica) que termina siendo premiada con todo pese a no querer quedarse con nada.
Para muestra de moralina este retal acerca de lo malo que es ver la televisión:
«Así a los pequeños hemos encontrado:
Absortos, dormidos, casi idiotizados,
Mirando la tele como hipnotizados,
Con los ojos fijos en esa pantalla
Hasta que sus órbitas parece que estallan.»(p. 155)
A mi modo de ver, el libro no merece mucho la pena, pero se lee rápido. Igual en este caso era mejor la película. Habrá que verla.


11 de abril de 2011

Soldados de Salamina

Vamos con la tercera entrada en este blog de una espera que hace que la lectura sea más compulsiva que de constumbre y que ya va por el tercer bestseller. Por suerte, para mí y para Cercas, este es el tercer libro que leo de él (los anteriores fueron La velocidad de la Luz y Anatomía de un instante). Digo por suerte, porque de haber sido el primero, quizá hubiera sido el último. 
El libro está estructurado en tres capítulos, de los cuales el segundo se me ha hecho demasiado pesado. Sin embargo es un capítulo necesario, pues el libro habla de un autor que va a escribir un libro que resulta fallido y ese libro es, precisamente, el segundo capítulo. 
Precisamente es algo que me gusta mucho de Cercas, que a lo largo del libro no sabes qué es ficción y qué es el relato, más o menos real, de lo ocurrido mientras se documentaba para el libro. Esa mezcla en la que parece que estás metido dentro de la vida del autor, es precisamente lo que me engancha de estos libros y, precisamente, lo que a mi juicio le falta al segundo capítulo, que se titula Soldados de Salamina.
Así tenemos un libro que se titula Soldados de Salamina, que trata sobre un escritor en horas bajas que escribe un libro que se titula Soldados de Salamina. Este juego, y un recurso estilístico (que quizá tenga un nombre, y quizá no sea un recurso estilístico) y que consiste en repetir algunas frases a lo largo del relato en distintos contextos, es lo que, en mi opinión, caracteriza a Cercas. Este fragmento se repite dos veces, en las páginas 104 y 208 (supongo que esto de que el número de una página sea el doble del otro es una casualidad),

«...porque las palabras sólo están hechas para decirse a sí mismas, para decir lo decible, es decir todo excepto lo que nos gobierna o hace vivir o concierne o somos...» (pp. 104 y 208)
Entonces, ¿para qué sirven las palabras?

4 de abril de 2011

¡Indignaos!

Un librito corto, apenas 60 páginas, de las cuales el texto principal ocupa aproximadamente 30. Se lee de un tirón y, en mi opinión, defrauda la fama que le precede. Pasé las 30 páginas buscando la frase que estaría bien para este blog; la frase que siempre aparece, que te llama la atención, que merece un recuadro y un recuerdo. Pues bien, al final de la página 48 (la última del alegato) vi que había terminado y que, por vez primera, iba a tener una entrada en el blog sin texto entrecomillado.
Hay razones para la indignación, pero una de ellas es este librito, que creo no ha merecido los elogios que ha despertado en radios y televisiones. Aún así hay un fondo de razón. No se puede permanecer inmóvil ante la dictadura de los mercados, que actúan por puro egoísmo. Quizá la solución se encuentre próxima al Ensayo sobre la lucidez de Saramago. Imaginemos que hay unas elecciones y nadie va a votar. ¿Cuál sería el siguiente paso? A lo mejor habría que intentarlo. Eso o que todos votáramos en blanco.

3 de abril de 2011

La soledad de los números primos

Otra novela ligera para este tiempo de espera. Ésta la compré en Soria en una librería con tanta personalidad como que su propietario incluso fumaba dentro de ella. En fin, un lugar que recordaba de cuando viví allí, y que dudaba que hubiera superado estos tiempos difíciles en general, y en particular para los fumadores.
Del libro dos detalles uno biográfico y otro del momento en dos citas. Primero la biográfica,
«En el último mes se habían visto a menudo, sin citarse nunca expresamente pero tampoco sin encontrarse por casualidad.» (p. 146)
A veces resulta extraño como en dos líneas se puede resumir algunos meses de tu vida que demuestran que a la casualidad conviene ayudarla de vez en cuando.
Ahora la del momento,
«Las decisiones se toman en unos segundos y se pagan el resto de la vida.» (p. 274)
Se pagan o se cobran y a veces uno tiene la sensación de tener la deuda saldada. ¡Qué ganas tengo de tener una decisión que tomar!

28 de marzo de 2011

La catedral del Mar

Un libro interesante, que engancha (y mucho), pero que quizá, aunque sea una novela situada en la historia, no merezca el apellido de novela histórica. Muchas críticas ha recibido esta novela precisamente por eso, por no ajustarse demasiado a la realidad histórica. (se puede comprobar haciendo una búsqueda en Google)  Parece que a lo largo del libro se quiera ocultar la pertenencia de Barcelona (y Cataluña entera) a un reino más amplio, el de Aragón, pongo por ejemplo este fragmento:
«Desde el inicio de su reinado, en el año 1291, Jaime II había tratado de imponerse a la oligarquía feudal catalana, para lo cual había buscado la ayuda de las ciudades libres y sus ciudadanos, empezando por Barcelona. Sicilia ya pertenecía a la corona desde tiempos de Pedro el Grande; por eso cuando el Papa concedió a Jaime II los derechos de conquista de Cerdeña, Barcelona y sus ciudadanos financiaron aquella empresa.» (p.68)
¿De dónde era rey Jaime II? ¿Y Pedro el Grande? ¿A qué corona pertenecía Sicilia? Pues eso, que es innegable el poder económico y político de la actual Cataluña, pero no pasa nada por reconocer que no siempre fuera así, lo mismo que al revés. Hubo un tiempo en el que Aragón tenía poder político y económico y ya no lo tiene.

Por otro lado, el libro es una buena excusa para volver a visitar la catedral de Santa María del Mar y todo el barrio gótico de Barcelona y, quizá, el Mercat de Sant Antoni, de donde salió este libro. A ver cuando vamos.

17 de marzo de 2011

Elogio de la ociosidad

Cumpliendo con lo dicho en la entrada anterior, volvemos al tema de la educación, en este caso, otra vez la educación para el ocio, pero con la diferencia de que este libro es de 1932.

Como en otras ocasiones, los libros se entremezclan y en San Manuel Bueno, Martir de Unamuno, se lee exactamente la misma frase, ciertamente con otro sentido en boca de Manuel Bueno:

«Como casi toda mi generación, fui educado en el espíritu del refrán "La ociosidad es la madre de todos los vicios".» (p. 9)
Y empieza a ser cierto que el ocio pasa a ser un problema cuando no se tienen argumentos para poder asumirlo dentro de la propia vida, integrándolo como una parte útil y mimando los tiempos de ocio a través de una postura creativa. Por eso, 
«Es una postura esencial de cualquier sistema social (...) el que la educación vaya más allá del punto que generalmente alcanza en la actualidad y se proponga, en parte, despertar aficiones que capaciten al hombre para usar con inteligencia su tiempo libre.» (p. 19)
Pero esa es una de las grandes dificultades de la educación. Estamos tan ocupados con las metas, los fines, los objetivos, las competencias, que nos olvidamos de que para progresar como sociedad necesitamos, además de conocimientos, creatividad. Así perpetuamos un sistema que, por otro lado, tampoco está dispuesto a darnos muchas más horas de ocio. Para tener más creatividad, también necesitaremos una dosis de libertad,
«Los argumentos a favor de un alto grado de libertad en la educación no se derivan de la natural bondad del hombre, sino de los efectos de la autoridad, tanto sobre los que la sufren como sobre los que la ejercen. Los que están sujetos a la autoridad se hacen o sumisos o rebeldes, y ambas actitudes tienen sus desventajas. Los sumisos pierden inicativa, tanto de pensamiento como de acción (...) Por otra parte, hay muchas maneras de rebelarse y sólo un número reducido de ellas es sabio.» (pp. 138-139)
Para los que ejercen la autoridad, Russell reserva este párrafo
«El efecto sobre los educadores es todavía peor: tienden a convertirse en ordenacistas sádicos, satisfechos de inspirar terror y contentos de no inspirar nada más.» (p. 139)
Seguro que a todos nos vienen más de uno a la cabeza con un comportamiento que se ajusta bastante bien a lo descrito en el párrafo anterior.
Pero volviendo al tema de si nuestra sociedad está dispuesta a concedernos más ocio, quizá convenga contar con este otro fragmento (un poco largo) donde se pone de manifiesto que la cordura no es lo que impera en la base de nuestro orden establecido.
«Tomemos un ejemplo. Supongamos que, en un momento determinado, cierto número de personas trabaja en la manufactura de alfileres. Trabajando -digamos- ocho horas por día, hacen tantos alfileres como el mundo necesita. Alguien inventa un ingenio con el cual el mismo número de personas puede hacer dos veces el número de alfileres que hacía antes. Pero el mundo no necesita duplicar ese número de alfileres: los alfileres son ya tan baratos, que difícilmente pudiera venderse alguno más a un precio inferior. En un mundo sensato, todos los implicados en la fabricación de alfileres pasarían a trabajar cuatro horas en lugar de ocho, y todo lo demás continuaría como antes. Pero en el mundo real esto se juzgaría desmoralizador. Los hombres aún trabajan ocho horas; hay demasiados alfileres; algunos patronos quiebran, y la mitad de los hombres anteriormente empleados en la fabricación de alfileres son despedidos y quedan sin trabajo. Al final, hay tanto tiempo libre como en el otro plan, pero la mitad de los hombres están absolutamente ociosos, mientras la otra mitad sigue trabajando demasiado. De este modo, queda asegurado que el inevitable tiempo libre produzca miseria por todas partes, en lugar de ser una fuente de felicidad universal. ¿Puede imaginarse algo más insensato?» (pp. 13-14)
O que quizá lo que mueve el mundo no es la felicidad de las personas sino
«La historia toda demuestra que el gobierno siempre es manejado en interés de la clase dominante, excepto en la medida en que ésta pueda verse influida por el temor a perder el poder.» (p. 76)
y atención a esta advertencia, también de 1932

«Sería necesario considerar las finanzas y la industria como formando un conjunto y tratar de alcanzar el mayor beneficio posible para tal conjunto, y no separadamente para las finanzas. Las finanzas son más poderosas que la industria cuando ambas son independientes, pero los intereses de la industria se aproximan más a los intereses de la comunidad que los intereses de las finanzas. Ésta es la razón por la que el mundo ha llegado a tal extremo: el excesivo poder de las finanzas.» (pp. 54-55)
¿A qué os suena esto del excesivo poder de las finanzas?

15 de marzo de 2011

Los diez mandamientos en el siglo XXI

Forzado por la deuda que ya tengo contraída (ya tengo en la mesa el siguiente libro para comentar en este blog) voy a pasar a elaborar mi resumen particular de éste libro que, en mi opinión se le hizo largo al autor que dedica 90 páginas a los 5 primeros mandamientos y apenas 70 a los 5 últimos. A lo mejor es porque son menos importantes, pero también ocurre que las críticas más certeras las encuentro en los primeros. 
Los párrafos más jugosos se encuentran en el tercer y el cuarto mandamiento, que Savater relaciona con la educación. Para los que no recordéis cuales son (y para mi mismo) el tercer mandamiento es Santificarás el día del señor y el cuarto Honrarás a tu padre y a tu madre. Como no sigo muy de cerca los detalles de la doctrina católica, no sé si esta redacción es la oficial o es la que adapta el autor. En todo caso, un primer "corte" proveniente del cuarto mandamiento.

«La verdadera libertad es la que proporciona al hijo los elementos para alcanzarla.

La educación es básica en el desarrollo de la libertad. Pero éste es un tema que encierra un drama. Quien educa, padre o maestro, lo hace para que el educado se autonomice. (...) Por lo tanto, el éxito de educar bien significa quedarse sólo.» (p. 74)
Desde luego que puede haber quien piense que es mejor no educar en este sentido. Al fin y al cabo es más seguro mantener a tu lado y pendiente de tu criterio a las personas. Produce, por así decirlo, menos dolor. Pero también quiero decir que cualquier aumento en la autonomía de un niño es algo impagable, que, ciertamente produce más dificultades, pues comienzan a colisionar dos (o más) libertades, pero que quedan absolutamente compensadas.

La otra cita, más en la linea social o profesional, es del tercer mandamiento, concretamente de la página 62
«(...)se debe tener en cuenta que no solamente hay que educar para desarrollar un oficio o una profesión. También hay que educar para el ocio, y conseguir una capacidad creativa que nos evite vivir esos momentos sólo en el despilfarro y el consumo, como hacen los prisioneros de su propia incultura.»
Y es que, a veces, nos empeñamos en crear máquinas sumisas que encajen perfectamente en esta sociedad de trabajo orientada al consumo, cortando todo atisbo de rebelión creativa. Quizá estemos teniendo demasiado éxito. Volveremos sobre este tema en la próxima entrada. 

13 de febrero de 2011

El lado oscuro de Google

El lado oscuro de Google es un ensayo realizado por un colectivo italiano de nombre ippolita. Editado por la editorial Virus, que tiene su sede en una calleja de Barcelona, me lo auto-regalaron los Reyes Magos que lo encontraron en una librería diferente, que se llama La pantera rossa y que está en la calle San Vicente de Paul de Zaragoza. 
Lo primero que llama la atención es que sea un colectivo el que firma y no solo una o unas pocas personas. Parece difícil que unos cuantos se puedan poner de acuerdo para escribir y mucho más un ensayo, pero lo que esto muestra es que el espíritu colaborativo de la gente vinculada a los programas de código abierto (tipo Linux) no tiene límites. Ellos mismos lo comentan en las páginas 83 y 84 cuando hablan de los desarrolladores de Linux


«La nueva técnica cooperativa propuesta por el underground digital ha vuelto del revés la ley de Brooks (...) en la medida en la que crecen las complejidades aumentan de forma exponencial los errores y, por lo tanto, un proyecto al que contribuyen millares de desarrolladores tendería a ser un código inestable y lleno de bugs. En cambio, mediante la revelación de los códigos fuente, la circulación libre en Internet de la documentación, la cooperación y el feed-back espontáneo de un número cada vez más elevado de sujetos en juego, las comunidades libres han demostrado que es posible una enorme mejora en la construcción de artefactos digitales, tanto desde el punto de vista del resultado como del proceso.»

Me parece extraordinario que una organización sin cabeza sea capaz de logros tan extremos como todo un sistema operativo, trabajo que parece que solo puede emanar de una organización empresarial, con una estructura racional del trabajo. Pues mira tú, no hace falta, basta con voluntarios y voluntad de poner el conocimiento en común.

Pasando un poco más hacia el contenido del libro, las críticas a Google se pueden resumir en:

  1. Intento de convertirse en el monopolio de las búsquedas.
  2. Intento de acaparar toda la información, incluida aquella a la que no se debería acceder (correos electrónicos, documentos, etc.)
  3. Utilización de avances del software libre para hacer software propietario. 
  4. Querer parecer un  motor de búsqueda instantáneo.
Vamos a quedarnos con esta última. En principio todos estamos acostumbrados a trabajar con Google, hacemos una pregunta y en menos de un segundo obtenemos una respuesta. Pero el problema está ahí. En ese intervalo de tiempo, Google sólo nos puede suministrar una respuesta pre-cocinada, teniendo en cuenta datos que ha tomado previamente de nosotros al navegar (país en el que nos movemos, tipos de páginas que consultamos, links que pinchamos con más frecuencia). En definitiva, lo que tenemos no es LA búsqueda, sino NUESTRA búsqueda, una búsqueda más o menos personalizada y que, por tanto, nos conducirá siempre hacia un tipo de respuestas, más o menos dirigidas, menos o más inocentes.

«Existe una distinción profunda entre buscar y encontrar. Google nos hace encontrar las cosas, produce satisfacción, sensación de acumulación. Pero podría no ser tan interesante el hecho de "encontrar" como el acto mismo de "buscar"; quizás sea interesante no encontrar nada, pues si no se consigue encontrar quiere decir que estamos sumergidos en la búsqueda.» (p. 161)
Fragmento que me trae a la mente a Lucas diciendo que no "busca" algo (un coche, una pieza de un rompecabezas,...). Es posible que no se esté equivocando, que lo que quiere es no encontrarla para alargar así el proceso de la búsqueda (y el juego).

Termino con dos avisos
«La rapidez en alcanzar el resultado va en detrimento de la calidad de la búsqueda.»      (p. 155) 
y
«Debemos recordar siempre que la calidad de las respuestas depende de nuestra subjetiva percepción de la aceptabilidad del resultado. Para poder aceptar o rechazar un elaborado de búsqueda resulta esencial el ejercicio de la capacidad crítica, la conciencia de la subjetividad del propio punto de vista.» (p. 151)
No es que no se tenga que usar Google, ni mucho menos. Pero queda claro que, aunque Google puede ayudarnos a buscar, no puede (ni debe) sustituirnos para encontrar.

4 de noviembre de 2010

San Manuel Bueno, Martir

Hace ya tanto que terminé de leer este libro que ya recuerdo poco de él. Pero por suerte tengo ahora la costumbre de apuntar en la última página las páginas donde se encuentran los pasajes que llamaron mi atención y, en el caso de San Manuel Bueno, Martir, los pasajes son dos y bien distintos.
El primero más que por el contenido, por la casualidad. No es la primera vez que comento en este Blog el hecho de que al leer dos o más libros simultáneamente, resulte que refieren al mismo tema. Pero en este caso, la coincidencia es más que notable, pues las palabras de Unamuno son casi exactas a las de Russell en Elogio de la ociosidad, libro que dejamos para otra entrada (aún hay que terminarlo). La frase en cuestión, que ambos escritores cuestionan, es la siguiente:
«Cuando oía eso de que la ociosidad es la madre de todos los vicios, contestaba: "Y del peor de todos, que es el pensar ocioso".» (p. 96)
La segunda tiene más que ver con la realidad social y económica, en un nuevo argumento para evitar, a toda costa, el tener tiempo para pensar.
«Que traen una nueva sociedad, en que no haya ricos ni pobres, en que esté justamente repartida la riqueza, en que todo sea de todos, ¿y qué? ¿Y no crees que del bienestar general surgirá más fuerte el tedio a la vida?» (p. 120)
Mejor, por tanto, seguir disfrutando de las injusticias y de este modo no tener tiempo para pensar si la vida tiene (o no) sentido. 

21 de septiembre de 2010

La constante macabra



Si haces un examen y aprueban todos los alumnos, ¿qué pensarías? ¿Que era demasiado fácil? ¿Que te has equivocado al poner las preguntas? ¿Que en el próximo examen ya te pensarás mejor las preguntas?


Esta es la pregunta base de este libro en el que su autor trata de explicar, y combatir, el hecho de que en la mayoría de las clases y las asignaturas el número de suspensos es de, aproximadamente, la mitad. Una constante que se repite a lo largo de los años, de los cursos, de las asignaturas y que nos transforma de un papel de educadores y enseñantes, a otro de seleccionadores que, quizá, no sea lo que nos corresponda. Y es que

«Una evaluación que tiende a subrayar la debilidad de un alumno en lugar de revelar los progresos logrados y las adquisiciones obtenidas, es el método más eficaz para desanimarlo y conducirlo al fracaso.» (p. 154)
¿El profesor que suspende mucho, es mejor? ¿El alumno que suspende, estudiará más? ¿Los alumnos son cada vez peores? ¿Saben menos? ¿Se esfuerzan menos? ¿Cuánto nos esforzábamos nosotros en nuestra época de estudiantes?
«...los enseñantes tienen demasiado a menudo una tendencia a desalentar a los alumnos en lugar de motivarlos. Este comportamiento, muchas veces involuntario, se inscribe dentro de una lamentable tradición: el alumno, al fallar, trabajará más para así progresar.» (p. 81)
Un último apunte de uno de los prólogos
 «Espero que estas reflexiones puedan contribuir a mejorar el diálogo entre enseñantes y enseñados, permitiendo de alguna manera que los enseñados se sientan más alumnos que opositores, en la medida en que los enseñantes sean para ellos más bien tutores que jueces.» (p. 7)
Y es que, ¿por qué hemos de ser jueces? Desde luego que me veo más en el papel de compañero/tutor, que en el de juez/seleccionador.

13 de julio de 2010

Epílogo

Última entrada y, para variar con una imagen escrita por Raúl en 1997. Es una cita que me escribió en un papel y que ahora, 13 años después, ha reaparecido en los aproximadamente 5000 papeles que utilizamos para escribir en el reverso.


La cita no ha perdido nada de actualidad y creo que es un bonito epílogo al asunto que nos ha llevado esta trilogía.





«Feliz el que alejado de negocios,
como en remoto tiempo los mortales,
paternos campos con bueyes ara
y no rinde a la usura vasallaje»



Horacio "Beatus Ille"
Nota: Proviene de la carátula de un disco de El último de la fila

Su crisis y la nuestra

Tercera (y penúltima) entrega, ahora con este panfleto en el que, al menos se busca una solución ajena a la propaganda general de que lo que necesitamos es crecimiento económico.
Parece claro que las altenativas no pueden salir de los partidos políticos, demasiado enredados en la defensa de las cosas como están y poco dados a discutir la hegemonía de los mercados. Habrá que mirar para otro lado y pensar en la alternativa, el decrecimiento, pero lejos de la partidocracia en la que, lamentablemente, vivimos:

«Esta matriz libertaria (del decrecimiento) tiene una secuela importante: el progresivo, y afortunado, abandono de la idea de que para hacer algo es inexcusable disponer de organizaciones políticas en el sentido partidario que comúnmente se atribuye a este término. (p.106)»
Para resumir en qué consiste el decrecimiento, voy a encadenar algunas fragmentos del libro, aunque para saber bien lo que es, hay que leer más (incluido yo), aunque con esto ya vale para ir haciéndose una idea.
«el crecimiento facilita el asentamiento de un modo de vida esclavo que nos hace pensar que seremos más felices cuantas más horas trabajemos, más dinero ganemos y, sobre todo, más bienes acertemos a cosumir» (p. 38)
«Del decrecimiento pueden derivarse, por otra parte, ventajas en lo que se refiere a la preservación del medio ambiente, el bienestar de las generaciones futuras, la salud de los consumidores y las condiciones de trabajo. (...) ahora estamos en la obligación de enunciar otra certeza: si no decrecemos voluntaria, racional, solidaria y ecológicamente, tendremos que hacerlo llevados por las circunstancias.» (p.52)
«el problema principal no nace, en modo alguno, de la aplicación técnica de un programa de decrecimiento. Nace, antes bien, de la dificultad de modificar muchos de nuestros chips mentales en el sentido que invocaba Gandhi cuando afirmó que la cima de la civilización no debe asentarse en el designio de poseer, de acumular, cada vez más, sino en el de reducir y limitar las necesidades.» (p.56)
«el proyecto alternativo - primacía de la lógica social frente al consumo y la propiedad, reparto del trabajo, renta básica, ocio creativo, reducción del tamaño de muchas infraestructuras, preponderancia de lo local sobre lo global, austeridad y sencillez voluntarias - » (p.61)
«no implica en modo alguno, antes al contrario, una general infelicidad. Trabajaremos menos y, muchos, ganaremos también menos dinero, pero disfrutaremos de más tiempo para otros menesteres, y demostraremos fehacientemente que es posible vivir, más felices, consumiendo mucho menos y asumiendo, claro, un ambicioso proyecto de redistribución de la riqueza.» (p.64)
Pues eso, que alternativa si hay. Otra cosa es que haya voluntad para llevarla adelante, y mucho más por medio de una clase política que se debe al sistema que los sostiene. En todo caso y como se cita en el texto, a veces son las circunstancias las que llevan al decrecimiento, aunque sea por medio de un decreto en el que te rebajan el sueldo.

7 de julio de 2010

La catástrofe perfecta

Segunda entrega, tras la anterior de aproximación científico-ecológica al problema de la crisis actual, nos encontramos con este pequeño libro en el que la aproximación se hace a través de la historia reciente y los acontecimientos de los últimos años que, iluminados por la actual crisis, toman todo el significado.
En mi opinión este libro está bien como acercamiento histórico y como explicación de algunas de las ingenierías financieras que nos han traído hasta aquí, pero falla al tratar de explicar lo que va a suceder, pues apuesta por que los mercados soliciten a los gobiernos la regulación de la que ellos mismos no han sido capaces de darse. Para mí que la voracidad de los mercados y la máxima de que las ganancias tienen que ser cada vez mayores, van a tratar de impedir cualquier regulación, toda vez que ya saldrán los gobiernos al rescate si vuelve a ser necesario. La cita deja bien claro en manos de quien estamos:

«El mercado y el sector privado destruyen lo colectivo y se apropian de las esferas pública y social. Lo cual provoca una competencia generalizada: el mercado contra el Estado, el sector privado contra el sector público, el individuo contra la colectividad, el egoísmo contra la solidaridad. (...)
Este capitalismo neoliberal constituye una inmensa ruptura económica política y cultural. Somete a las empresas y a los ciudadanos a una imposición única: adaptarse, a fin de plegarse mejor a los anónimos mandatos de los mercados financieros. Condena de antemano -en nombre del realismo- toda veleidad de resistencia o disidencia. Y golpea con oprobio todo sobresalto proteccionista, toda búsqueda de alternativa, todo intento de regulación democrática, toda crítica a los mercados omnipotentes.» (p. 46)

Nada me hace sospechar que las cosas vayan a ser de otro modo. El susto queda para los otros, las consecuencias se nacionalizan y los beneficios siguen (y seguirán) a buen recaudo. Las últimas medidas de los gobiernos europeos al respecto no dejan lugar a dudas: el mercado manda y, como dice Galeano: ¿Qué hora es? La que usted mande señor.


4 de julio de 2010

La venganza de La Tierra

En primer lugar, y aunque el libro del Lovelock puede interpretarse como una defensa de la energía nuclear, en La venganza de La Tierra se expone claramente la problemática de una Tierra viva de la que somos parte y de la que

«No estamos mejor cualificados para ser los administradores o promotores de la Tierra de lo que las cabras lo están para ser jardineros.» (p. 200)
Formamos parte de un todo que se puede interpretar como un organismo vivo que se autorregula para poder continuar. La Tierra se comporta como cualquier ser vivo, que ante una infección, por ejemplo, eleva su temperatura para combatirla mejor y, de este modo, poder perdurar más tiempo, en eso consiste básicamente la hipótesis de Gaia. Ciertamente se establece un paralelismo entre la infección del planeta (los humanos) y su fiebre (el calentamiento global).

Entre las soluciones que propone están rebajar la humanidad hasta una cifra de entre 500 y 1000 millones de habitantes o buscar la manera de sintetizar comida y olvidarnos de la comida tal y como la conocemos ahora mismo. En todo caso queda claro que

«La ideología de la sociedad industrial, basada en el crecimiento económico, niveles de vida cada vez más altos y la fe en que la tecnología lo arreglará todo es insostenible a largo plazo. Para cambiar nuestras ideas tenemos que trabajar hacia el objetivo de una sociedad humana en la que la población, el uso de los recursos, el procesamiento de residuos y el medioambiente muestren en términos generales un saneado balance.» (p. 214)

Dicho esto, y con las contradicciones implícitas de quien sabe que no es ni puede ser mejor jardinero que una cabra y aún así se atreve a dar consejos sobre como cuidar el césped, una cosa queda clara y es evidente. Vivimos por encima de las posibilidades del planeta y quizá él esté respondiendo. En todo caso, y como dijo en El contenedor del 19 de diciembre de 2006 Luis Pomar, lo que está en peligro no es la vida en La Tierra, sino la supervivencia de la especie humana, que es una cosa bien distinta, como bien distinto es que podamos hacer algo para evitarlo.