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18 de mayo de 2008

Los pésimos ejemplos de Dios, según la Biblia

En la línea del libro de Dawkins (entrada del 27 de enero) ví este libro de Pepe Rodríguez en un estante y me decidí por él. En el libro encontramos relatos de la biblia comentados (casi todos son del antiguo testamento).
La situación de partida es la siguiente: Si hemos de considerar la Biblia como dictada por el propio Dios (en cursiva como autor que es) y, por tanto, ha de considerarse verdadera por quienes crean en ese Dios, entonces ¿cómo se pueden admitir entonces estos relatos como los ejemplos que quiso dejar Él para la posteridad?
El libro cuenta con numerosos ejemplos de actos inadmisibles (y no solo desde el punto de vista moral actual) y de otros increíbles (pero claro, si por medio está la "mano de Dios"...), aunque hay que reconocer que se hace algo pesado de leer, sobre todo al final. Para establecer lo mismo Dawkins utiliza unas 20 páginas de su libro El espejismo de Dios (paginas 254 a 272) aunque este libro tiene el valor añadido de que contiene fragmentos largos de la Biblia, que narran episodios completos y evitan que pensemos que estamos ante interpretaciones de la "Palabra".
En todo caso, y a modo de resumen, a mi la parte que más me interesó fue el capítulo 4 titulado "Dios consideró hombres justos a quienes ofrecieron a sus hijas o esposas para ser violadas por la chusma" y el principio del capítulo 5 sobre todo el pasaje en que "las hijas de Lot emborracharon a su padre para tener sexo con él y quedar preñadas". El primero es terrorífico, pero el segundo es muy divertido ( y son 5 páginas de la 81 a la 85)
Os pongo una cita de la parte final. En la página 210, después del fragmento dedicado a Sansón ("un juez pronto de bragueta y muy corto de entendederas", según Pepe) aparece lo siguiente:



"La palabra de Dios evidencia aquí su enseñanza: aunque un tonto útil sea causa de vergüenza pública por sus actos necios, deplorables y hasta criminales, éstos deben ser olvidados o reinterpretados a fin de quienes se beneficien de ellos puedan ensalzarlos como gloria bendita de heroica memoria."


Y es que hay que ver lo lejos que está la historia de Sansón de la Biblia de aquella que todos tenemos en mente (sea por las catequesis que sufrimos o por las películas de Hollywood que reponen todas las "semanasantas"). Aunque de esto no debemos culpar a Dios (pues la historia puede leerse en la Biblia), sino a sus exégetas o exe-jetas, porque la verdad es que le echan un morro...


Este fragmento tiene una nota al pie con la que no puedo más que estar de acuerdo:


"Una enseñanza divina, dicho sea de paso, bajo la que subyace, en síntesis, la dinámica social que permite crear héroes históricos en cualquier sociedad y época."


A lo que yo añadiría: "según el interés de quien eventualmente se encuentre gobernando."

27 de enero de 2008

El espejismo de Dios

Este es el verdadero promotor del Blog. Cuando leí este libro durante las navidades, pensé que debía tomar notas de las cosas que me guatan de los libros. En un segundo momento se me ocurió tomar las notas en el ordenador, haciendo algo así como una base de datos. Por último se me ocurrió que lo más acertado podía ser un blog, de modo que lo que yo apunto, leo y pienso, quede al descubierto para todos el que le interese.

En cuanto al libro, deciros que a mí me parece demoledor para La hipótesis de Dios (Aquella que le sobraba a Pascal). MI impresión parte sin duda del hecho de que yo ya estoy convencido, pero tras leerlo uno no entiende muy bien de qué forma se puede defender la existencia de un Dios. La verdad es que me gustaría conocer la opinión de un no convencido como yo. De hecho la busqué por Internet sin mucho entusiasmo y ninguna fortuna. Poco después abandoné la búsqueda un poc cansado de ver lo bonito que es tener fe.

Del primer capítulo cito una cita de H.L. Mencken

"Debemos respetar la religión del otro, pero solo en el mismo sentido y con la misma extensión en que respetamos su teoría de que su mujer es la más guapa y sus niños los más listos."



Con la que estoy absolutamente de acuerdo. Basta ya de escudarse en que sobre la religión no hay debate, porque entonces le estamos haciendo el juego a la propia religión, que a lo que aspira es a que no haya debate, ¿cómo si no va a hacer creer a nadie sus dogmas que no superan la menor prueba lógica?

Nada más clarificador que esta cita de Bertrand Russell y del capítulo 2 (por cierto que también tengo pendiente algo más de la mitad del Por qué no soy cristiano de Russell)

"Muchas personas ortodoxas hablan como si pensaran que es asunto de los escépticos refutar los dogmas recibidos en vez de ques ena los dogmáticos quienes los prueben.Por supuesto, esto es un error. Si yo fuera a sugerir que entre la Tierra y Marte hay una tetera china girando alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie sería capaz de desmentir mi aserción (...) Pero si luego yo digo que, como mi aserción no puede refutarse, es una presunción intolerable por parte de la razón humana dudar de ello, pensarían de mi (...) que estoy diciendo sinsentidos. Sin embargo, si en los libros antiguos se afirmara la existencia de esa tetera (...) la duda a la hora de creer en su existencia se convería en una seña de excentricidad y harían que un psiquiatra reconcienra al dubitativo(...)"



Si el libro es un Best-seller antiguo, pues mejor para él. Pero que por eso tengamos que creer todo lo que ponga en él...

Lo demás lo dejo para que lo leais vosotros excepto una única cuestión que me ha llamado fuertemente la atención, supongo que por el (gran) momento que estoy viviendo. Se trata de un mandamiento que aparece en la página 284 y que no me resisto a reproducir:

No adoctrines a tus hijos. Enséñales cómo pensar por sí mismos, cómo evaluar evidencias y cómo estar en desacuerdo contigo.



Voy a hacer mío este mandamiento (aunque desconozco la receta para conseguirlo). En todo caso, trataré (trataremos) de que no sea un niño cristiano, musulmán o ateo, ni tampoco socialista, conservador o comunista. Tiempo tendrá de ponerse etiquetas (o de que se las pongan) y, antes de eso, de decidir si quiere tener alguna etiqueta sobre él.